El primer Bichón
del que hay constancia, el Maltés, es originariamente
un perro de puerto que servía para la caza de los ratones
y las ratas de los barcos y almacenes de tierra, siendo el
primer ratero de la historia. Era muy apreciado por los navegantes
y comerciantes marítimos que favorecían su cría
y los llevaban a sus travesías, favoreciendo de esta
forma la expansión de la raza.
También en las tumbas de los faraones fueron halladas
estatuas que puedan evocar este tipo de perros, a causa
de su pequeña talla y también de sus cualidades
de desratizador se convirtió rápidamente en
un perro de compañía mimado por las ricas
residencias griegas y después romanas, adquiriendo
poco a poco un pelaje largo y sedoso, difundido por distintos
pueblos de comerciantes del Mediterráneo.
El término Bichón es claramente menos antiguo,
fue adoptado en la época del Renacimiento en Francia
y es una contracción de barbillons, que significa
perro barbudo o pequeño Barbet, en clara referencia
a la barbas de estos perros. Originariamente se considera
al Barbet enano como un Bichón de pelo rizado.
Más tarde llega un periodo en que el perro tipo
maltés se diluye un poco a causa de los cruces, para
dar paso a los nacimientos de numerosas variedades de pequeños
perros de compañía con abundante pelo suave,
pero su arquetipo nunca llegó a desaparecer, siguiendo
una evolución propia en los distintos países
donde iba apareciendo.
Tal es el caso de España, donde hay noticias de
perros descendientes del legendario Barbet desde el siglo
XIV, cuya entrada parece estar situada en las islas Canarias,
por lo que fue llamado Bichón de Tenerife.