En el siglo XIV,
el conde Gastón de Foie, un apasionado por la caza,
describe, en su libro “El libro de la caza”, perros
de nombre “Rachys”y “Brachys”. Los
primeros debían tratarse de Foxhouns o Harriers y los
segundos de rastreadores, aparentemente Beagles. Estos animales
llegaron a Inglaterra desde Francia por el Príncipe
Negro y su hermano John of Gaunt, cuando Aquitabnia y Guyena
eran provincias británicas. En las Historias del rey
Arturo existe una referencia a los Beagles, pero bajo el nombre
de “Branch”.
En el conocido “Escudero se bajo rango”
escrito en 1475 por Sir William Skeat, filosofo y escritor,
los Beagles finalmente son llamados, por primera vez y por
escrito, como BEAGLES.
Eduardo II apreciaba mucho a sus perros de caza. El Rey Enrique
VIII también hizo mucho por ellos y existen muchas
referencias a los Beagles en los libros de la Corte de esa
época.
Había instrucciones precisas, en su lista de Normas
del Reino, sobre los “perros que vivían fuera
de la corte y debían ser cuidados con cariño,
sanos y limpios”. En las Cuentas Reales existían
anotaciones de pago de cuentas de cuidado, alimento y transporte
de los perros del Rey, además de gastos para collares
y dieta y el sueldo del Cuidador de los Beagles Robert Shere.
La reina Isabel I fue una ferviente devota
del Beagle. Su entusiasmo por la raza fue sobre todo por los
Beagles de Bolsillo, que a pesar de su pequeño tamaño
tenían una espléndida voz. La imagen típica
de la “buena Reina Isabel” con sus pequeños
sabuesos quedó reflejada en un retrato junto a ellos.
En Francia se los conocía como los Beagles Elizabeth.
Fue gracias a la generosidad de la Reina Isabel, que regaló
algunos de sus pequeños Beagles a sus mejores amigos
que esta raza se introdujo en Francia y Bélgica.
El Rey Jaime I se describía a sí
mismo como el QUERIDO PAPA de sus Beagles y su cumplido preferido
y cariñoso que utilizaba con sus seres queridos, siempre
hacia referencia a los Beagles.
La Reina era su “querido pequeño Beagle”
y su mejor amigo, el Conde de Salisbury su “pequeño
Beagle”. Por eso es fácil entender, el cariño
que el hijo de la Reina de los escoceses tenia por los Beagles.
El Rey Carlos II, fue otro amante de los Beagles.
El Rey Guillermo III de Orange, que reino hasta 1702, poseía
una jauría de Beagles muy conocida.
El rey Jorge IV tenía una envidiable
jauría de Beagles y es otro de los monarcas que fue
retratado junto a sus Beagles.
La Reina Victoria quizás fue una de las amantes de
la raza más importante. A la reina le encantaba exhibirlos
en los concursos donde se convertían en campeones.
El príncipe Alberto, consorte de la
Reina Victoria, popularizo la raza entre los granjeros y los
nobles de su tiempo. Era propietario de una maravillosa jauría
de Beagles de Bolsillo.
Algunos años mas tarde la reina Victoria,
tuvo su propia jauría y su admiración por la
raza y su preocupación por su mejora, perdura hasta
nuestros tiempos. |